Te pareces a mi jardin

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Cuando hace muchas lunas aún no tenía hijos, inicié mi primera empresa de sembrar un jardín, recuerdo que los geranios, las margaritas y las clavellinas fueron las primeras invitadas. Algo así como muy improvisado, con algunas piedras alrededor, tierra de mala calidad y bulbos de segunda, todos los días lo regaba y las cuidaba, hasta que lograron florecer. Pero una noche, soñé que un huracán arrasaba con todo mi jardín, llevándose las flores y la tierra, alrededor los árboles estaban secos y nada florecía más. A los quince días nació mi primer hijo, no regresé a la casa hasta tres meses después, el vestigio de jardín estaba como en mi pesadilla. No había nada en ese lugar, hasta el día de hoy ahí nada crece. En mi subconsciente quedó albergada la creencia fuerte que sembrar jardines era una mala premonición, que algo malo sucedería si volvía a sembrar un jardín.

Pasado el tiempo llevé una estaca (rizoma) de flores finas y rojitas, apenas empezó a florecer murió mi hermano, y luego alguien cortó aquel bonito arbusto de flores. Que logré rescatar hace algunos años, cuando regrese a la casa.

El patio era un lugar inhóspito donde solo crecía mala hierva, albergaba pequeños reptiles raneros y guaridas de sompopos, los vecinos tiraban la basura en ese lugar. Un día decidí arreglar las piedras, hay muchas piedras, alrededor de aquel arbusto de flores rosadas intensas acomodé las hojas secas, el arbolito no deja de florecer nunca. Luego acomodé más hojas secas en el árbol de guanabana, que este año se lució con muchas frutas que comemos y comen los pájaros. Así dio frutos el tigüilote, los mangos y la maracuyá.

Pero sembré rosas rojas, llegaron los sompopos y de un día para otro no dejaron nada, entonces no regresé al patio, pensé en esa maldición de que cuando siembras un jardín algo malo sucede, decidí que era mejor dejar la idea de lado, aunque seguí acomodando piedras, son muchas y están como a propósito para hacer senderos naturales. Al otro día un señor vendía un par de jazmines blancos que adoro, no lo resistí, aunque era el último dinero de la comida, se los compré. Los jazmines agradecidos florecieron como si yo fuera su madre, es muy tierna la relación que existe desde siempre entre yo y los jazmines. Y casi lloré cuando los sompopos acabaron con ellos, no dejaron nada, pero los jazmines rebrotaron hojitas nuevas, así que mi primera intención fue dejar nuevamente el jardín, pero pensé que si los jazmines hacían su lucha, así desprotegidos los sompopos iban a acabar con algo que quise hacer toda la vida, tener un jardín plantado por mis propias manos y de forma ecológica.

Ecológicamente los sompopos no son una idea sostenible, así que agradecí a los gringos la genial idea de fabricar un veneno letal para sompopos, me vestí como los caza fantasmas una noche y los busqué, los reté y les declaré la guerra. He decidido que no hay peor premonición que aquella que uno se pone como barrera para no seguir adelante con tu sueño. Así que al finalizar este año mi jardín florecerá con rosas, jazmines, geranios, avispas, diez de la mañana y mucho más, además habré construido mi sendero de piedras, que indicaran el camino al lugar donde habitaré para aprovechar que sopla el viento a mi favor.

Nunca dejen una empresa solo porque alguna vez en la vida se frustro algo, quisa no por culpa de ustedes sino por la acción mal intencionada de otros.

 

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