Vestida de domingo

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He sido por naturaleza una viajera frecuente, sino es en mis fantasías, lo es en mis realidades. He de reconocer que a todo lugar que fui o habité, tenía por buena práctica prever las salidas, tenía conciencia de la temporalidad. Decía mi madre: “A todas partes vas como si fueras de visita, parece que no quisieras quedarte en ninguna parte”.

Así era con las personas, los lugares, los espacios, a eso se le puede llamar “devoradora de experiencias”, así era, una vez que la experiencia no tenía nada que aportar debía prepararme para despedirme, de una u otra forma. Mi mejor frase era: “Si no puedes amar, no te quedes mucho tiempo”. Al fin me iba quedando sin saber lo que era amar, no tenía deseos de quedarme en ninguna parte,  las personas estaba bien, pero yo era pasajero permanente que se acomodaba en las estaciones sin tomar espacio permanente. Bajaba, subía, abandonaba, saldaba cuentas, intentaba no llevar deudas pendientes, más de alguna vez arquee casi a la fuerza, por la prisa de pasar a una nueva experiencia.

La soledad se hizo mi compañera favorita, si acaso era buena alguna conversación ocasional con personas que ni preguntaba el nombre, eso parecía gustarme, a veces alguna quería ser amiga y no les decía que no, pero tampoco les hacía espacio en mi rutina. No me di cuenta que desde muy pequeña, cuando me separaron de los lugares donde quería estar y de las personas que quería conservar, rechacé todo aquello que me ofrecían como permanente. No quería que nadie decidiera por mi y así pasé por la vida como un viajero frecuente.

Hasta que llegó él, y una mañana me despertó angustiada su recuerdo, vi la cama, estaba vacía y mis cobijas me quedaban grandes. Entonces desee quedarme, pertenecer a un lugar y sentirme parte de alguien, pero no sabía quedarme, fui aprendiendo poco a poco. Deje de tener miedo que un día alguien me dijera que debía alejarme, deje de tener miedo que un día él se fuera sin avisarme, aprendí que no era malo amar sus defectos y me fui quedando, sin resistencia, con alegría y le ame con afán de fiesta, con ganas de usar un vestido de domingo.

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