Los tejidos de mi pubertad

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Al florecer mis catorce años tuve una seria crisis por el tejido, entre otras crisis que se presentan a esa edad y sino tienes el cerebro puesto exactamente sobre la cabeza, las cosas que pueden florecer son sobre tu barriga.

Tejía todas las tardes, entre tantas cosas que hacía desde temprano, yo tejía. No recuerdo de donde mi mamá sacó un hilo como manila anaranjada, que más parecía para tejer hamacas, pero ahí estaba el ovillo. Primero quise hacer una falda, luego un suéter de bebe, al final me ganó el lado práctico, decidí hacer un corpiño tejido al cual le podía agregar luego un pedazo de tela para hacerme una blusa, originalmente hecha con mis manos. Quedó perfecto, fue tan así que lo guardé y a mis quince logré terminar la blusa, me compré una tela anaranjada y si mal no recuerdo me fuí a la sección de telas de cortinas, pero me gustaban esos hoyitos, también era práctico podía tejer sobre ellos y así juntar el corpiño con la tela, todo tejido y luego hilvanado a mano.

Fue un éxito, se veían mis pechos como si no anduviera puesto más que el sosten, entonces provoqué que me dijeran algunas cosas feas en la calle, en mi pueblo las primeras masturbadas de los muchachos son con palabras como: !Amor estás rica! !Amor que tetas tan ricas! !Cómo para darte una buena mamada!¿Vamos a culiar? !Mirá que dura que la tengo cuando te veo pasar!

No la pude usar durante mucho tiempo, un par de veces y se acabó, ir a clases nocturnas a la escuela de comercio con ella no era recomendable, mi profesor dijo que mejor llegara con el uniforme o una ropa más formal. Pensé que mi blusa era formal, además era casera, color naranja y con esa puntada tan bonita que escogí.  Solo Chello Flores fue testigo del trabajo que invertí en hacer esa obra de arte, él pasaba en su caballo blanco y si me veía sola tejiendo se bajaba, creo que era tartamudo o algo por estilo, nunca decía nada o se conformaba con pedir una taza de café.

Chello debe haber tenido problemas, se quedaba viendo mis piernas o mi busto, en esa época todavía pasaba de los sostenes, no eran necesarios pensaba, además solo tenía dos de manta, muy viejitos, si los reusaba mucho iría a la escuela con camisolas y eso estaría peor.

Pero el problema más serio de Chello es que no sabía leer y escribir, no era mi costumbre conversar con iletrados,  a no ser que fueran parientes. Un día muy rojito me dijo: ¿Usted me acepta una carta? y le dije: ¿Por lo menos ya aprobó la primaria?  Entonces Chello no entendió y preguntó: ¿Para que quiere que apruebe la primaria si yo se trabajar y tengo caballo? No entendí para que Chello quería mandar una carta, me pareció absurdo, pensé que a lo mejor quería otra cosa y me atreví a decirle: -¿Usted quiere que yo le escriba una carta para quien?

Mientras yo tejía, Chello veía y yo lo ignoraba, siempre creí que esperaba a alguien de mi familia, pero apenas llegaban se montaba en su caballo blanco y empezaba a correr sobre la carretera. Era un hermoso caballo blanco, de alguna buena raza, con buena montura y espuelas elegantes, el Chello se vestía de camisas cuadriculadas y pantolones azules, con sus botas de cuero mandadas a hacer en la ciudad. Decían que su familia tenía dinero, pero que todas las mujeres que se habían casado con sus hermanos eran sirvientas en la hacienda. Él era el más pequeño, pero igual no lo dejaron pasar de segundo grado y con lo tarado que era no hubiera hecho gran cosa, más allá de ordeñar vacas y visitarme mientras tejía, llegando en ese caballo blanco.

Un día de tantos llegó mi hermano menor, creo que lo mandó mi mamá, ella siempre decía que yo estaba buscando panza, mientras en realidad estaba pensando que con ese asunto de la guerra nunca iba a encontrar un convento. Esa era otra de mis crisis, no entendía que a partir de los trece es tiempo de copular y además mis hormonas tardaban con tanta ocupación todo el tiempo, la gente del campo era de cuidado, apenas les dabas una taza de café te querían apretar los dedos y otro más aventado hacía guiños en dirección a las piernas. En esos guiños tuvo la culpa mi mamá, no me compró ropa nueva y los vestidos se encogieron, entonces nada me quedaba, sino era chingo, era apretado o se caían los botones, a veces venía corriendo de la quebrada porque algún cabrón se había metido tras los montes para verme bañar, apenas lograba ponerme la ropa mojada y medio lavar el cambio que estaba nacido.

No es pobreza, en realidad fue la mejor etapa de mi vida, evadir el ingenioso argumento de mi mamá diciendo todos los días: !Ya te llegó el tiempo de encontrar marido! Mi hermano mayor buscándome novio, mi hermano segundo buscando un partido al cual sacarle ganancia y el menor corriendo a los pretendientes con un machete.Mi papá no decía nada, pero creo que la gente le tenía miedo, nadie pasó más allá de las insinuaciones y los guiños.

Pero además del corpiño tejía orillas de mantel, bordaba y cosía a mano, además de hacer fajas de macramé. Finalmente a lo mismo, siempre terminaba antes del anochecer con la lectura de la Biblia, Corin Tellado, Marcial La fuente y si tenía suerte podía quedarme viendo las luciérnagas en el Valle y más noche las estrellas, ese era mi momento mágico, olvidaba la existencia de todos, éramos solo ellas y yo en un viaje sin fin, no se, a veces creo que ellas viajaban hacia mi y se hospedaban en mi cerebro, hacían aljaraca hasta que cansada me dormía… Siempre quise cambiar el color el ovillo, pero la calidad del hilo no la volví a encontrar.

 

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8 thoughts on “Los tejidos de mi pubertad

    • meatovmearov 29 octubre, 2016 / 2:51 am

      Estuve algunos días por ahí y conoci las estaciones del metro y el tren en. Florida y Virginia. A lo mejor las vea nuevamente. Saludes desde mi patria.

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