El laberinto de Yara y Gaava

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I. Introducción – mi motivación

Recuerdo esas bellas palabras de mi gran amado Rubén Darío: …

¿Cuentos quieres, niña bella?
Tengo muchos que contar:
de una sirena de mar,
de un ruiseñor y una estrella,
de una cándida doncella
que robó un encantador,
de un gallardo trovador
y de una odalisca mora,
con sus perlas de Bassora
y sus chales de Lahor…

Ese es mi gran secreto, amo a Rubén Darío sobre todos los poetas del mundo, él selló mi corazón de niña con esa su forma de escribir, siempre creí que escribía solamente para mi, pero  escribía para todos. Lo que mas me gustó de mi amado poeta es que  hacía poesía hasta de las desgracias y pues la cabeza del Rawí, Alí, Nube de verano y los Motivos del Lobo, dan fe  que los finales felices no se dan siempre, pero en un buen poeta hará versos casi perfectos.

No soy poeta, ni poetisa, me gusta escribir y soñar que estoy inmersa en esa ficción, pero también me gusta creer que algo de verdad digo y algo bueno sale de mis dedos, que escriben más de sesenta palabras por minuto, a veces puedo llegar a las ochenta… pero es cuando ya nadie me entiende.

II. El proceso del cuento, ¿cómo se me ocurrió y como hilvanaba la pendejada esta?

Escribía en el día a día, el pendejo de Chaucito no hacía más que ignorarme, yo no tuve la culpa que su novia ya no era su novia, él no hacía más que llorar por ella y yo estaba aletargada por una experiencia de brujos y gurú, que dejó muy mal parada mi dignidad y orgullo femenino, pero lo dicho no soy mujer que se espante por una carrera de cien metros descalza en un espinero.

Por ahí andaba yo, corriéndome y espantando chulos, cuando tropecé con los amoríos de chaucito y él muy retentado le dio por ocuparme de garabato. Repito  nada tenía que ver con sus amores desamparados, fue solo que tropezamos como babosos.

La historia es más antigua que la llegada al laberinto de Yara y Gaava, algo es cierto, cansada de correr quise ver quien era el pendejo que siempre ponía correas en el camino, haciendome caer y golpear mi  boca cada nada. Y así me senté a esperar, Chaucito es muy manipulador, se divertía conmigo, llegó a decirme que parecía una gata callejera, solo porque vio cuando corría descalza.

Así es como comienza todo,  él dice que es raro, para mi es normal, y abóstica porque el muy pendejo asume que me encanta meterme en medio de las patas de los grandes caballos; a mi me parece que chaucito es miedoso, timorato y retardado, pero aún así sigue siendo tierno, juguetón y malas pulgas.

En esas estabamos, cuando apareció Junior, claro que tiene nombre en la historia original, por lo visto llevaba días escuchando en silencio, entonces algo risible sucedió, me despertó en la madrugada para decirme que me regalaba un megalito y entonces igual como con Chaucito, quien habló con voz afeminada a las dos de la mañana, haciéndome caer de la cama. Tengo problemas para dormir, pero nunca me he caído de la cama, solo de los árboles de mango. Así que debo a Junior y Chaucito dos caídas de la cama, cuando ellos dan bromas a esa hora pueden ser muy pesados.

III. Resumen de la historia, digo el laberinto de Yara y Gaava, porque en realidad parece que no tiene principio ni fin, pero en resumidas cuentas es el cuento sobre una hermosa amistad

Acá el resumen de lo que me costó una pesada broma de Junior a las cinco de la mañana, dijo que me regalaría un megalito y sigo pensando que lo tengo que encontrar para mandarle un par de lajazos.

… Cuenta la leyenda sobre un par de almas confundidas, corriendo cada una de la catástrofe de una explosión en el confin de sus propios mundos, cruzaron sus trayectorias en un remolino de pequeñas partículas estelares, érase una nube densa de almas en torrente, también vidas confundidas.

Quisiera probablemente el destino,  una realidad del plano en que se mezclaron, ambas poseían el don de la palabra, atributo negado a las estrellas. Atraídas por sus penas, las palabras comenzaron a mezclarse, pronto una de ellas se dio cuenta sobre su condición de almas confundidas.

Lloraba él la pena de su amada, la había perdido por desgracia sino en la explosión en el camino, o acaso nunca fue su amada, sabe Olam el sabio si eran verdades las que cantaba o el simple despecho de no saber amar, porque no es el atributo de una estrella. Pero lloraba él con tanta desdicha, a veces con tanto desprecio por la vida, llamaba a la luna creyendo que esta tenía vida, se alzaba al sol en busca de un astro vivo. Más de alguna vez fuera que ansiaba la calma, el silencio o la mirada. Sabe el gran Olam, poderoso ojo que alcanza todo lo que nadie ha visto, que su alma se engrandecía por la angustia, brotaba el viento de sus palabras huracanadas, desbastaba todo lo que a su alrededor se movía, odiaba tanto aquella pequeña estrella, mendiga tirada como gata espantada a la orilla del camino.

Su dolor fue tan cruel, que de un solo golpe lanzó lejos a la estrella mendiga, quería desaparecerla, proyectar en ella esa herida que sangraba en su amor propio. Lloraba la estrella la expulsión de su paraíso, Olam no pudo hacer nada por ella, caminaba errante sin propósito ni objetivo. Recordó que muy asomada su infancia, Olam le regaló en su nacimiento la primera palabra -bejora- su promogenita, y él sonrió para decirle -eres la más amada, eres Yara la de la flecha certera, nadiv te protegerá cada vez que pajad se acerque. Y por si acaso, guarda dardos envenenados.. solo así es posible evadir a los gurú y los hechiceros.

Gaava fue inclemente, trajo el dever, pajad y a majatz, Yara fue lanzada con odio, érase una partícula de estrella que causaba repugnancia, apenas valvuceaba incongruencias. Gaavad el orgulloso, el arrogante, impuso a emah como soberano de los días y las noches.

Eran el alma de estrellas confundidas, lanzadas por explosiones milenarias desde otros mundos, solo Olam sabe desde donde vienen.

Lentamente, Yara se puso de pie, la había golpeado la gravedad del tiempo en su caída, el golpe de maka la había derrotado dejandola ciega, no sabía hacia donde dirigir sus pasos. Y encontró una senda, iba sobre ella sin tener conciencia que Gaava la había hecho su presa.

En alguna parte del inhospito camino, Yara intuyó el tejelet en el dolor del tirano. Dejó de beber el agua que le ofrecía y comenzó a recordar las palabras del padre Olam cuando le dijo -eres la más amada-, y pajav dejó de existir en algún momento, nadiv se hospedó en su corazón renaciendo.

Yara, recordó el arte de las flechas y fue feliz en la cacería a campo abierto, aprendió muy pronto que la luna es solo un cuerpo blanco que sirve a la tierra para copular y generar alimento, el sol con sus rayos provee la energía, el agua corre dulce en los manantiales y el sauce su mejor refugio frente a los huracanes.

Gaava siguió su camino errante, en silencio, con calma, sintiendo su corazón de piedra… Quería olvidar con tanta vehemencia, que olvidó a Olam en su día de nacimiento.

IV. Epílogo – Sino aprendes a tener sentimientos amistosos con tu amor – jodete porque el amor sin amistad es un fraude

La historia no tiene final, porque en realidad no tiene porque decir colorin colorado todos fueron felices como la pitufa en los pitufales y los lagartos en los lodazales. Ilustra la idea de una hermosa amistad entre personas diferentes, en realidad venían corriendo de catástrofes y por eso se estrellaron.

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