El lado oscuro

 

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Yo era tu lado oscuro. Tú eras mi rayo de luz, mientras yo brillaba mi sonrisa a tú lado, venías y te ocultabas de todos en mi rincón. Entonces yo aprendí a ser para tí en el lado oscuro, te avergozabas de mi inocencia y humildad, creías que eras mi Dios. Yo sonreía porque tú creías que eras mi Dios, y yo estaba en mi crisis atea.  Pero eras mi rayo de luz, amaba tu sonrisa como el esclavo a su amo, como la primavera ama el jardín, como el árbol seco se desnuda en otoño, así desnudaba mi alma en tu frío artíco corazón.

Yo era el lado oscuro, esa que nunca dejaste ver, era como aquel cuento que alguna vez te conté, la sirena se vuelve muda después de tanto cantar para el principe y su amor, se torna sombra y es como el eco de la amante, triste historia de un lado oscuro, si es del príncipe o del amor.

La historia se repite una y otra vez, igual que el fastasma de la armadura de hierro, una y otra vez se enamora de la niña que cada siglo llega nuevamente a habitar en su mansión, solo entonces se escuchan las herrumbres de la armadura pasear de un lado a otro, de la biblioteca al jardin.

Y solo ahora que me he vuelto sombra, condenada a existir  cuando alguien tiene un lado oscuro, se lo que siente el fantasma y la sirena, la llorona y el padre, la loca y el garabato… Y ya no tengo alma, solo aprendí a ser el lado oscuro de alguien, no importa quien.

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