El otro siempre oculto

 

 

Buscaba entre notas el enigma de lo no visible,

del ese ser que encuentra tranquilidad en no ser visto,

que vive para  otros, conformándose con no existir,

arrimado entre otros se confunde entre los datos.

 

Le búscaba meticulosamente, sin verlo por ninguna parte,

encontré el libro de historia, ese que habla de lo que hace siglos

tampoco fue visto, desde entonces él se esconde,

nadie lo ve por donde pasa, él se resiste a ser un dato.

 

No quiere que le busquen por su oro,

no quiere que lo encuentren por su fuerza,

él solo se arrima a la sombra para no morir de hambre,

para sustentar a los suyos.

 

No le importa quedar en un registro,

eso no le deslumbra y si le espanta,

que lo identifiquen y luego lo aniquilen,

sabe Dios que extrañas fuerzas,

en otros tiempos le hicieron daño,

se resiste, se oculta, él no es visible a los extraños.

 

Dice la historiadora que si dejó sus huellas

en la selva, que por algún lugar se alimentó,

abandonó sus piedras de jade en los altares,

nadie lo vio, ni da cuenta de su lengua.

 

Buscaba afanosamente la huella de su paso,

y pasó por todas partes, así me lo dijo la sonrisa del niño,

negrito, pelo parado y lleno de malicia,

susurraba en su canción: “No le cuentes a nadie

que me has visto…”

 

 

 

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