Gata Vagabunda

De noche se filtraron de nuevo los fantasmas,
Decíanme que tú ya no serías más en mi mundo,
A coro siniestro depositaban sus lamentos en mi oído
Aullaban sus verbos siniestros augurando el mañana,
Previniendo tu ausencia, decíanme que no volverías
Y que olvidados estarían tus versos de mi memoria.

Tembló el frío en mi alma,
Los fantasmas reían frenéticamente en el aposento,
Añoré nuestra cama, aquella donde eras la vida y el verso,
cuando sonreías y los fantasmas no eran más que un cuento,
Quise escaparme y no encontré la puerta,
Salte por la ventana, seguíanme e Intentaban borrar mis recuerdos
Y fue silencio de un oscuro cielo sin estrellas,
Miré el abismo de las almas que han olvidado
Y con sus ojos saltones y esa manos sin tacto,
buscan a tientan lo que fue su mundo de afectos.

De a poco el frío se adueñó de mi cuerpo,
No hubo un espacio de calor donde pudiera abrigar un verso,
Caí en el hondo infinito donde la poesía es laberinto
Y la palabra es solo un medio para masticar el día a día
Se escuchaban rechinar los dientes, los viejos olvidados,
Sin risas, sin esperanza, sin llanto, sin lamento,
Ignorada la existencia de la página en blanco,
Todo callejón llevaba al mismo cuento,
Murieron los recuerdos, no extrañes la cama
El poeta es solo una utopía para engañar a los inocentes.

No hubo miedo en aquel abismo sin recuerdos,
Reinaba el frío en manos huesosas del olvido,
Era su risa la mueca de un moribundo,
Que sabe que muere y esa es su mejor suerte,
Me despojaban ellos de mis amados recuerdos
La luna, el gato, la verja de tu puerta,
La pequeña flor que nacía en el concreto,
la burla babosa de tu sobrina en el baile,
el pelón de la fila para confesarse en la iglesia…
todos los recuerdos desfilaron y no mas
que aquel horizonte oscuro y perverso.

Caí en aquella tragedia el estilo de Dante
No había Virgilio o Beatriz en este relato,
Solo aquellos seres como sombras
Me arrebataban recuerdos para sostener el olvido,
Apretaban mis manos la pluma sin tinta,
No había palabras para articular en el cuaderno,
Ancló el velero que me llevaría a la otra orilla,
De donde ya nadie regresa…

Ví hacia atrás y encontré los ojos de Pierce,
Recordé que yo tengo alma de gata vagabunda,
Una vida más o menos, pero aún no llego a las siete…

Estraviar el camino, volver a la senda, es la suerte de una gata vagabunda.

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