Mentiras necesarias

nina-lagarto

Poner atención a la mentira ha sido todo un proceso, la pregunta es para mi misma ¿Porqué nunca me ha preocupado que las personas mientan?  La acción de mentir puede ser intencionada o no intencionada, es necesario buscar en ella las motivaciones y los contextos en que se dicen. Hablare de la mentira que nace como necesidad, tuve que hacer el ejercicio de la primera mentira que recuerdo haber dicho, recuerdo que me asusté al punto de tener pesadillas por la mentira, pero cada vez que  imaginaba lo que me esperaba si hubiese hecho lo contrario, creí que no iba a sobrevivir a la paliza que recibiría si decía la verdad.

A lo mejor tendría algunos siete u ocho años,  entonces la media libra de cuajada costaba un peso (es como media libra de queso). Tenía la responsabilidad de traerla todos los días para la cena, llevaba una pequeña panita de plástico, la compraba y de ahí salía corriendo a la casa, normalmente iba descalza y bajaba corriendo con la pana en una mano y el brazo derecho me servía de elice impulsora para agarrar velocidad en mi vuelo imaginario. No podía sustraerme de inventarme cualquier cosa sobre el camino y así es que volé sobre las piedras, me impulsé y calculé mal la dirección de mi pie, así que rodé desde el inicio de la cuesta hasta el final de ella, los vecinos me miraban como rodaba sobre la pana y la cuajada embarrada sobre las piedras. Al final mi cabeza se proyectó en una roca grande, logré detenerme o la roca me amaba tanto que decidió abrazarme, no lo se. Estaba toda raspada, rodillas, frente y brazos, que experiencia más extraña, rodar como piedra 50 metros sin levantar un vuelo decente.

Estaba asustada, migajas de cuajada por toda la cuesta. Alguien se acercó y me dio la panita amarilla. Tenía tanto miedo, muchas vecinas me habían visto en el acto acrobádito de querer despegar intensamente, si contaban eso a mi mamá estaba perdida, me pegaría tanto que haría tiritas de chicharrón con mi espalda.

Entré silenciosamente, fuí a la viga de madera que sostenía las tejas y bingo, ahí estaba un peso para la cuajada del siguiente día, lavé la panita y fui a comprar otra media libra de cuajada. Entonces todos tranquilos cenaron, nadie informó a mi madre de lo sucedido. Pero que señora más temática, no quería dormirse sin estar segura de donde estaba el hijueputa peso.

Y preguntó: ¿Donde está el peso? y mi vocecita diciéndole: ¿Cual peso, si solo había uno? Mi mamá sabía que yo era buena en las cuentas, no decía mentiras nunca y que además era cuidadosa con el presupuesto de la comida. Lo que ella no dimensionó nunca,  para lograr que una niña sea así es porque está sometida a un estado de terror permanente.

Lo anterior es mi ejemplo de una mentira que se dice por necesidad, la sobrevivencia es algo que nos impone sus exigencias, entre ellas la cuestión de mentir, hay tantas formas de mentir y también está la mentira habitual, mentimos por costumbre, porque llegamos a asumirla como normal.

A veces mentimos de forma insconciente, cuando llegue a cumplir treinta años todo fue bien, pero luego la gente preguntaba mi edad y les decía treinta cuando ya llegaba a los treinticinco. Un día pensé que eso no tenía propósito alguno, mi edad era excelente, me gustaba tener 35.

Si hago una lista de las posteriores mentiras después de la cuajada, no tendría fin, asumirlo como recurso para sobrevivir no fue mala idea, poco a poco aprendí a irme liberando de las palizas y las explicaciones no deseadas. Pero llega un día que crecés, asumir que ya nadie puede ejercer violencia física, pero aún quedan otros tipos de violencia la psicológica, la social, la estatal, la política y así sucesivamente.

Por ejemplo una noche un par de muchachos me detuvieron para preguntarme la hora, era un callejón oscuro, es obvio que no se puede leer la hora. Les mentí, les dije que no tenía reloj, metí mi mano en el pantalón, justo cuando se tiraban encima de mi ropa e hice un gesto con mi agenda que iba a golpearlos, nuevamente les mentí. Todo es defensa propia, el instinto te alerta y bueno, alguna cosas tendrás que hacer sino querés que te maten.

Digo que la mentira como recurso para hacer daño a los otros es una bajeza, pero María mintió, Jesús mintió cuando ofreció el reino de los cielos a sabiendas que no existe, Pedro mintió tres veces y alcanzó en el nuevo testamento, Judas mintió sobre su amor a Jesús y para mal ejemplo la cosa pero ahí está.

Hace un tiempo alguien me regaló el libro de “Mentiras Verdaderas” escrito por un fulano que mejor no menciono, me jactaba de haber logrado leer una de sus novelas, hasta el día que leí “En nombre de la rosa”, me di cuenta que ese escritor mentía y no hay mentira más odiosa que la de intentar hacerte pasar por lo que no eres, el “Goint Native”.

¿Mi posición? Todos mientes hasta que no se demuestre lo contrario. La vida es preciosa hay que saber cuidarla, mientras mi vida no esté en riesgo no es necesario decir mentiras. Una pequeña mentira te puede llevar a una red de mentiras, de tal forma que la vida se puede hacer un caos, con bases totalmente malas. Tampoco es para estarse confesando todo el tiempo, nuestras verdades no le interesan ni al padre de la iglesia.

 

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