A los hombres que engañé

mal-de-amores

El amor, escuálida mentira,
nunca fue verbo en mi alma
antes de nacer lo marchité,
A la luz de aquel candil de querosén.

A ninguno mentí, a todos los amé
En la justa dimensión que les corresponde,
A cada uno di lo que esperaban de mí,
Sin atarlos a mi caos, ni esclavizarme en su orden.

No dirán ellos que alguna vez me quejé de su deslealtad,
O pedí que me bajaran la luna, sabiendo que yo misma la puedo alcanzar,
De nadie fui la musa, pues no ambiciono ser la sombra inmortal,
Hombres amados no me deben, no les debo, nos podemos olvidar.

Bellos hombres, de sonrisas, enojos e inseguridad,
Estuvieron en mis brazos, a veces fríos, a veces tibios
y alguno dirá que fue algo más,
Nadie fue sinceramente amado más de seis lunas,
es la razón de mi equidad,
En la ética del respeto,
puedo decir que eran uno a uno,
no eran dos o más de dos.

Es falso, no les digo que vivan en mi corazón,
Es solo un músculo que bombea sangre y puede nublar la razón,
Para que he de decirles eso, si puedo ser sincera y
Decirles que mi mundo es abstracto
y no puedo conservarlos como algo material.

Sí, siempre les engañé
Quizá no a todos, porque a alguno no me nació engañar,
Y es que siempre suponían que yo quería algo que ellos me podían dar,
Tomaba lo que me daban y siempre algo más,
Cada vez que se iban se sentían asaltados,
Y  entristecida nunca les dije la verdad.

08-04-2016 01:25 pm

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