Con la intensidad del primer día

Amado mío:

Yo no te amo como una meta, probablemente no debí decir algo tan feo. Pero te amo como el despertar de mis ojos, aún con mucho sueño saben que tienen que abrirse para darte los buenos días, sorprenderse nuevamente con tu animado beso mañanero. No se si entran por mis ojos, pero hacen resonancia en mis ideas.

Y te amo como esa estrella que anuncia durante las noches la esperanza del nuevo día, después de las noches de tormenta. No eres una meta, ni eres el objetivo, ni el objeto. Eres a profundidad todo lo que veo desde que despierto al día lúcida e incluso cuando cierro los ojos, se que habitas dentro de mi como un ser especial que lleva equilibrio a todas mis neuronas, después de mis largas rutinas.

Disculpa, no debí decir que eras mi meta, pues la meta es un lugar finito donde suelen acabar las inspiraciones, aunque tu eres inspiración pura para mis letras, no eres el fin de llegar para que algo se acabe. Eres yo y eres tú, somos nosotros en estos versos que iluminan el camino por donde nos construimos, probablemente no hay meta, solo el afán de estar juntos en cuerpo y alma, amarnos en la eternidad de un segundo y amarnos más allá de este tiempo y de los otros, que no tenemos espacios particulares, porque en cualquier espacio nos seguiremos amando con la misma intensidad de nuestro primer día.

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