Siete pelos

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La perversidad es una percepción, probablemente Satanás no cree que sea malo decirle al ser humano que ser humilde es un grave error. Así como ir a rezar en vez de ayudar a un mendigo, no es considerado como un acto perverso. Es una cuestión de percepción y la opción que eliges sobre lo que es correcto o no.

Juan, le diré Juan al joven guapo y bien proporcionado que estaba preso cumpliendo la condena de su madre, para él y su mamá era correcto que se culpara así mismo de vender droga, cuando en realidad estaba trabajando mientras ella lo hacía.  Ël la amaba, le había enseñado a tener una sexualidad intensa, desde pequeño lo orientaba a jugar con su pene, a que lo exhibiera y que todos admiraran su tamaño, lo potente que se erectaba aún sin tener conciencia de ello. Apenás podía caminar y ya le enseñaba a ver las piernas de las muchachas, sus nalgas, lo inducía a excitarse. Muy pequeño aprendió de las bondades de sentirse un semental erecto todo el tiempo,  apreciaba  su sexo erecto en busca de una vulva disponible, podía tener relaciones más de siete veces seguidas, a veces tenía que buscar hasta tres muchachas en una noche, era algo de nunca terminar, a veces no lograba el orgasmo.

Era el orgullo de su mamá, él se sentía muy amado por ella. Tenía también su novia decente, la novia con la que no se tiene sexo porque no lo inspira, pero de esas niñas que tienen buen prestigio, a ella le hacía visita con permiso de los padres. Por lo demás, la sed insaciable de tener sexo todas las noches las resolvía en su casa, cuando no conseguía mujeres su mamá siempre encontraba algo disponible, alguien que aceptaba pasar unos días y así se sucedían las cosas, el chico se sentía un gran semental con un futuro predecible,  mujeres alrededor dispuestas a complacerlo.

Las autoridades catearon la casa, encontraron la droga, encontró a su mamá llorando, decía que no sabía como había llegado la droga a la casa, entonces se lo llevaron a él. Mientras su hermano menor decía a la madre que dijera la verdad, ello solo dijo que él estaba joven y podía aguantar.

Juan siguió con su buena fama dentro de la cárcel, las chicas parientes de sus compañeros, se enamoraban facilmente, le hacían las visitas conyugales y todo bien, aunque claro eso podía ser solo una vez a la semana.

Pero una cosa es ser semental libre y otra cosa ser un semental preso, el capo del sistema se enamoró de él, dio por decir que tenía en un vaso de vidrio siete pelos de su trasero, el vaso se lo enseñaba a todo aquel que quisiera verlo. Las muchachas comenzaron a retirarse, incluso la novia, nadie quiere a un reo que se lo esté comiendo el jefe principal de los convictos.

La mamá ya no le quería proveer alimentos, el joven lloraba pensando en el vaso de vidrio y los siete pelos…

 

 

 

 

 

 

 

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