El mi en el tú

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Más que verlo cada mañana le acariciaba con la mirada, muda admiración que le profesaba. Era él tan humano, profano cuando hablaba y todo un poeta sagrado cuando escribía.

Brotaba de su pluma cada bien dibujada estrofa que juntaba una con otra, como figuras de filigrama, untadas con pegamento inexistentes conjunciones.

El se iba diluyendo, imperceptiblemente se perdía en las nubes, en los rayos del sol, en la brisa y en el viento. Él se iba de a poco, no era posible retenerlo, solamente desaparecía frente a sus ojos.

Una mañana despertó y encontró su mirada frente al espejo, recito uno a uno sus versos, recordó los lugares que visitaba, los rostros que veía. Él  la habitaba y ella le sonreía.

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