La inocencia de Alejandra

Seguro que Alejandra era joven cuando la conocí, pero a los ojos de una niña de seis años una mujer que ha parido tres hijos, uno tras otro, es una vieja. Alejandra estaba sucia todo el tiempo, despeinada, con aquel olor a seno rancio y aquella mirada perdida en el limbo. Parió el cuarto niño y durante el puerperio perdió la conciencia, la gente decía: !Pobrecito don Santiago, la Alejandra se volvió loca! Yo escuchaba que ese señor no respetaba el puerperio de la muchacha, no es que me gustara escuchar las conversaciones de los adultos, ellos solo platicaban sin cuidarse de nosotros.

Un día, muy de madrugada, pasó Don Santiago con la Alejandra de la mano, la llevaba al hospital psiquiátrico, ya no sabía que hacer con ella, estaba muda y tonta. A la tarde regresó, dicen que casi lo dejan internado a él, pues cansado se durmió, cuando llegó la enfermera preguntó a Alejandra a que llegaba, ella les respondió: -Vengo a dejar a este señor que está loco. Lo amarraron y todo, le pusieron camisa de fuerza, les costó convencerles que en realidad era ella la loca. Vaya uno a saber en que momento despertó la lucidez de Alejandra.

A las dos semanas, la hermana menor de Alejandra pasó a vivir con Don Santiago, de paso a cuidar los tres hijos pequeños, a la niña grande hizo que la corriera de la casa. Así Sandrita pasó a vivir donde unos parientes, donde no la trataban tan bien, pero estaba mejor que con la tía. Año tras año La Chilo paría nuevos hijos que casi nadie veía en la calle, hay gente que tiene valores a su manera, daba por decir Don Santiago que hijos legítimos solo los de Alejandra que era su primera esposa, que la Chilo le había hechizado. Vaya que viejo, de pendejo no tenía nada, la una era loca y la otra pasaba por bruja. Estuvo así la cosa, el único que podía salir de la casa y tener voz en el vecindario era Don Santiago, por esos días le dió mala fama a la Chilo por el maltrato a los hijos de la Alejandra, y es que ya venía creciendo la otra hermanita de Alejandra, con suerte unos hermanos la sacaron de la casa antes de que pariera del señor cochino.

Aún cuando no parece que la vida sea distinta en estos cultivos silvestres, si hay cambios. Un día sin que nadie se diera cuenta Alejandra fue dada de alta, su hija grande la recibió en casa, aunque ahora era otra historia, ambas podían comunicarse en sus tragedias e irse reconstruyendo en base al cariño que conservaron. La Chila realmente se volvió loca, quedó sola con don Santiago quien la deja ir disfrazada de bruja a las calles, donde pide el diario para la comida.

No se si serán historias importantes o no, crecí con ellas, le dí clases a esos niños carentes de afecto y mis ojos  de mujer adulta, todavía ven a la Alejandra con ojos de niña, ni siquiera noto que la vejez hubiera entrado en su vida, camina tan calma y tan justa en su inocencia.

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6 thoughts on “La inocencia de Alejandra

  1. carlos 21 abril, 2017 / 2:12 pm

    Me gusta el relato. A veces la locura es el único refugio al que no llega el dolor. Un abrazo.

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    • meatovmearov 21 abril, 2017 / 7:39 pm

      Gracias por darte tiempo para leer. Detrás de cada locura existe un profundo abismo, una negación de la realidad, tenés razón a veces es un refugio. Abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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