Angel gótico sin descanso

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Pronto serán 26 vueltas solares desde que te marchaste. Te fuíste como una estrella verdadera, en medio de tanto drama y resentimiento, tus luchas y conflictos no resueltos, tú alma pura demandaba un mundo más justo. A pesar de que me criticabas  en todo momento, decías que yo era un ser esquemático y cuadrado, dispuesto a obedecer ordenes de cualquier gendarme,sabía que me cuidabas, no dejabas que nadie se acercara con malas intenciones, eras mi fiel guardian, a mi no me importaba tener que cuidar de tus tareas, de tus hijas, ir a buscarlas cuando en el partido se alargaban aquellas eternas reuniones y no podías sacarlas de la guardería para hacerles la cena. Te dije que el partido no era la gran cosa, te enojaste mucho tiempo por eso.

Callada tuve que ver las injusticias que cometían con voz, pero seguías tan fiel a ese absurdo partido que te consumía, yo me protegía trabajando, mientras asaltabas las reuniones para decirles las cosas que no estaban bien hechas, entonces te tildaban de loca y promiscua, los mismos cerdos que no respetaban a nadie.

La última vez  te recuerdo  caminando por el parque, con el traje negro de botones naranja, que hiciste con tus manos. Eran tus manos duras y toscas, tu rostro tan bello como un ángel moreno, a todos les gustaba verte con esa sonrisa de niña inocente y hermana solidaria. Entraban para saludarte, a pesar de mis miradas de perro amaestrado, mientras les veías cualidades yo me entretenía en sus informes perversos. Para que te respetaran no era suficiente haber estado en la guerra, también era necesario ladrarles y demostrar que estabas dispueta a morderlos.

Me decías que debía cuidar a tus hijos si un día te sucedía algo, en realidad no entendí que me anticipabas tu viaje, te dije que eso tenías que hacerlo, pero ya lo habías decidido. Pasaste por mi vida para enseñarme como se cuida el alma de una amiga, como se pelea por los cosas que son justas, lamento no haber podido enseñarte como se muerde la conciencia del hipueta que te sonríe y jode a tus espaldas.

No pude cuidar de tus hijos, hoy están grandes, igual que a mi no les gusta el partido. Llevan alegría y en el fondo de sus ojos el vacío que dejastes. ¿Sabés lo que todo hijo se pregunta cuando lo abandonan? -¿No éramos suficientes para que ella pudiera quedarse? Eramos tan distintas, voz tan tierna y soñadora, yo tan seca y ordinaria, voz luchando dentro del partido, yo ahí entre tu trabajo y el mío. Eramos completamente distintas, a mi me daba revuelcos en el estomago el partido, a voz te jodían los partes; a voz todos te enamoraban, mientras que a mi la pensaban dos veces antes de dirigirme la palabra. Pero todo tiene convergencia, te gustaba que estudiaramos juntas, tanto así que era doble la tarea que me correspondía al hacer los examenes, finalmente la convergencia nos separó y no pude retenerte, un día solo decidiste que querías marcharte.

Luego el día a día, el hambre que nos apretó en aquellos primeros días de derrota, el nacimiento de mi hijo, el primer plato de comida a la salida del hospital, fuíste la primera en ir a conocerlo, la primera en hacerle un pastel de cumpleaños y la primera presente el día que estaba enfermo.

Quisa me sentí tan culpable o resentida cuando te fuístes, que hasta hoy tuve el valor de ver tu foto, aquella donde se te ocurrió risarte el pelo y ponerte  sombra celeste que tanto te gustaba. A veces hacías esfuerzos por verme más femenina y reía de tus intentos, porque al final era tan complicado eso, no teníamos ni siquiera para el alimento nuestro.

Hoy han cambiado muchas cosas, me sigue gustando el materialismo y quisa atiendo lo de la iglesia como a voz te gustaba, pero es más un cuestión de haber disminuido la distancia que me separaba de ella, no estoy precisamente reconciliada, pero hice un trato con Dios, él aplica sus leyes a los que las entienden y yo iré a misa solo cuando quiera.

Me gustaría que visitaras a tus hijos y tus nietos, hacerlos sentir que podías ser dulce con ellos, a lo mejor que olviden aquellos momentos drásticos donde los castigabas con fuerza y luego llorabas, porque no eras violenta por naturaleza. A lo mejor si puedes desde donde estés, acercarte, porque aún te llaman durante las noches.

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