En el diario de Laurens, conjurando fantasmas

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En alguna parte de nuestra memoria están guardados los fantasmas que hemos creado durante nuestra vida.

Mi mamá me enseñó a no tener miedo de los fantasmas, seres recurrentes en la infancia, quisa porque mi abuela la visitaba después de su muerte. Ya pequeña una tiene ideas propias desarrolladas a partir de las experiencias, al no tener un lenguaje de palabras acumulado, las imágenes se guardan con más facilidad. Mi abuela y sus visitas, a mi no me gustaban para nada, eran visitas castigadoras, señudas, revelaciones crueles llegaban con ella. Entonces desarrollé mi propio entendimiento: Bien mi madre se sentía en deuda con mi abuela o en el fondo sentía que mi abuela le debía algo, pero eso sí, mi mamá la trataba muy mal cada vez que percebía su presencia. Me gusta que mi abuela no volvió a visitarnos, ella fue alguien muy sabio, pero miserablemente afectiva, aunque sus hijas digan que era una buena señora, mi memoria de los primeros años está marcada por una sombra en la oscuridad toda la vida de mal humor, mirándome como la antítesis de todas sus creencias.

En mi vida adulta joven, quisieron siguirme algunos fantasmas, entiendo que me endosaron sus deudas y la asumí, pero a cambio me liberé de su morbida presencia, estamos como en un: Está bien, seguro algo hice mal en otra vida que tengo que ayudarte, pero mantente lejos de mi, es desagrable que los fantasmas te hagan esas cosas, tengas que cuidar de sus pendientes.

Una vez que empiezas a creer en los fantasmas, están dadas todas las condiciones para tener uno viviendo en tu memoria y en tus imágenes, puedes reconstruirlo como imagen cada vez que tu conciencia te cobre la deuda, ya sea porque están convencidos que te deben o que le debes a alguien. Es como una mecanismo con vida propia, que se activa combinándose con la creencia y la realidad concreta.

Cuando leí la Armadura de hierro, es una historia sobre el personaje de un fantasma dueño de una gran mansión, donde hubieron siervos y toda la paja esa de la edad feudal, tanto que el tipo era algo de dos siglos y más. La chica de la que se enamoró era el actual dueño de la casa, esto ya se acerca a la teoría de las represiones de Freud y la educación conservadora de aquella niña salvadora de almas impuras. ¿Donde entra el gancho de las creencias y las deudas? Ahí donde hay un pecador lleno de deudas, existe una salvadora que le redime y lo exonera de todos los pecados.

Es lógico que en las culturas donde el conocimiento era marginal al igual que las palabras, algunas cosas quedan grabadas de forma simbólica, a manera de sello imperial. Los fantasmas existían también en nuestras culturas indigenas, eran cuestiones reales en su mente, en tanto era común que los ancianos te aconsejaran que pagaras tus deudas, que cumplieras con tu palabra o de lo contrario tu alma andaría en pena.

Hoy por hoy me he dado cuenta que la mejor manera de liberarse de los fantasmas es hablando claramente, ser muy concreto en relaciòn a las deudas, definiciòn exacta de lo que puedes o no puedes pagar, de lo que debes y no debes pagar. Pero si aún asì, en el hipótetico caso de que la deuda sea insaldable sea porque no puedes o ya no existe, si un fantasma sigue jodiendo, el consejo de mi mamá es infalible: !conjurelo y mandelo a la real mierda!

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