Roces con la soledad

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Ver a través de la ventana los aviones que levantan vuelo hacia cualquier parte, así han sido mis días en cautiverio, las señales de internet que van y vienen, no quiero abusar del celular de Jimena, ella tan solidaria todo el tiempo,  sus ojos tristes me sumergen en un abismo. Economicamente no está mal, pero no tiene la libertad de tomar ese avión y regresar a casa.

Ha llegado Agustin, delgado, blanco y no es mal parecido, me agrada ese tono bonito cuando me saluda: -¿Cómo está señora? ¿Todo bien? -Gracias Agustin, todo bien y usted ¿Cómo estuvo el trabajo? -Cansado señora, cansado como siempre, esta vida es dura.

Él está muy arañado por la faena diaria, se levanta en la madrugada y llega tarde, sin deseos de nada, pero apenas me ve sonríe, al rato ofrece: -¿Quiere un refresco o una cerveza? pídala, yo tengo las mías.  Ha llegado su compañera de cuarto, nos queda viendo como si hubiésemos hecho algo indecente -no Agustin, gracias ya tomé café del que dejó Jimena. Agustin insiste en servirme algo para conversar, le digo que bajaré para buscar señal de internet, desvía la mirada y sigue a su compañera al cuarto.

Ha llegado Jimena y luego su esposo, ella quiere que cocine algo y luego les acompañe a tomar cerveza, su esposo me ofrece la primera y la acepto, Jimena contenta sigue con la rutina de rallar el queso, freir frijoles y mientras estoy haciendo unas tortillas, su esposo conversa con nosotras. Agustin y su pareja están aparte, ella no habla nada, ni participa, Agustin desea participar de las risas y se sirve su propia cerveza.

Hoy ha llegado temprano, antes que Gerald, pregunta con cariño: ¿Cómo está señora? ¿Puedo servirle un refresco o una cerveza? le digo -Gracias Agustin, pero no puedo tomar mucha cerveza y no tomo bebidas azucaradas, por allá viene su esposa.

Él se ha puesto con el rostro encendido, dice sin decir: -No es mi esposa. ¿Usted no cree que uno es capaz de hacer cosas por amor? -Tiene un semblante amargado, de enojo e irritaciòn cuando la ve entrar. Ella nos queda viendo como si hubiésemos hecho algo malo. Él se va a encerrar mientras ella cocina sola y le grita: !Agustin vení a comer! Él sale enojado -!No me grités ¿¿¿¿?????

Él no la ve con amor, ella lo ve y no lo ve, son esas miradas que no se encuentran, que están presas de los ajustes económicos, ajustar para pagar el cuarto, compartir la comida, la cama y lograr enviar algo a quienes realmente aman.

No le he respondido a Agustín, no he tomado su cerveza, no la trata bien y ella tampoco. En mi condición de invitada de Jimena no deseo ser una entrometida, pero cuando ya estás en una situación así te has entrometido como testigo absurdo. Seré honesta, existe una empatía con Agustín, pero es como si entiendo a mi hijo, su pareja me es extraña y me parece tonto querer asumir control sobre una persona a la que tratas sin afecto.

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