Paisaje subreal

Nereida caminaba hacia el lugar acordado, la banca en la vereda frente al mar, más al fondo aquellos edificios grises construidos en otra dimensión, ella cree que en algún momento van a desaparecer, son siluetas grisis, claro ahí están, solo es que la niebla se ha constituido en un umbral que hace dudar de su existencia. Mañana con el sol serán celestes intensos, con nubes blancas bien definidas en su entorno y un monton de yates coloridos, mañana será diferente.

La banca, la espera, él llegará, no sabe que dirá en aquel primer encuentro, ha perdido tanto brillo en su interior, que aquella persona se le parece a esos edificios grises, los umbrales del recuerdo o del olvido, hacen creer que llegará y desaparecerá pronto. No hay sol, pero a lo mejor el sol esté en su rostro, ya hace tanto tiempo que ahora espera a un desconocido, a un desconocido que fue amado y soñado, ahora un desconocido que le despierta angustia, ansiedad y deseos de no ir a la banca. La hizo esperar muchas veces en esas banca ¿quién asegura que llegará a esta banca?

Nereida disfruta el paisaje, es verdaderamente hermoso, esas siluetas de blanco y negro, parece un dibujo al carbon, no imaginaba que los paisajes pueden parecer dibujos al carbon, los turistas pasan y dicen adiós, no es como en otras partes del mundo, donde ellos pasan e ignoran a todos, aquí te saludan e intercambian palabras, la gente no lleva perros de la mano, llevan a sus hijos, esposas jovenes o ancianas.

Europa Prometida: Crisis y redifiniciòn de la identidad literaria y cultural europea, es el último libro que le llegó a casa en el correo, lee con interés el movimiento subrealista, nada del otro mundo. Esos edificios son subreales en este momento, aquel sentimiento también fue subreal, parecía tan real a sus deseos. Piensa con alguna tristeza, que algunos sentimientos subreales no deberían dejar de existir, cuando se alejan duelen igual que como si fuera reales, en estas cosas de vida interna todo parece ser tan real.

Finalmente, como siempre no llegó, él nunca tendrá valor de llegar a ninguna parte, Nereida lo sabe, espera por costumbre más que por confianza. Por eso siempre lleva el libro, es frecuente que encuentre la solución a un problema objetivo que intentaba resolver antes de sentarse en la banca.