La hierofanía de la banca

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Amado Chaucito:

Un día ya no diré amado Chaucito, eso pienso de pie frente a esta banca, como vez ha llovido aquí, al fondo en la ciudad llueve. Y recordé el poema sobre la “Niebla”, cuando después de mucho tiempo te vi un poco más contento que antes, me parecía que al igual que esta ciudad eras subreal,  el viento y la lluvia te traían desde otro tiempo, desde otra dimensión, que estabas entrando en nuestra dimensión.

No olvidé tu gesto feliz y decidido, sentado en tu banco escribiendo nuevamente, sin recelos, con la seguridad propia de tu persona y ese halo de ternura que solía acompañarte en nuestras noches tibias, donde yo me regateaba sin saberlo y tú te llevabas cualquiera de mis verbos.

La poesía nunca fue mi fuerte, la prosa se me da por encanto en la vida cotidiana, deseaba tanto que tus versos florecieran en aquel invierno, que florecieron como rosas enamoradas, me hiciste sentir tu ternura, me hiciste comprender que a veces la vida puede depender de la banca correcta, de la perspectiva correcta. Fui y me senté al lado tuyo en esa banca, empecé a susurrarte mis verbos para que no se te olvidaran, te prometí estar a tu lado, no importa el tiempo o la distancia. Olvidé mi magra forma de ser renuente a tus caricias.

Un dìa estaremos juntos de nuevo en esa banca, a lo mejor encontremos una banca nueva o sea esta que ahora estoy observando. Olmedo y su esposa cuentan que tiene una historia importante, antes no era de ellos y probablemente yo no hubiese estado junto a ella para traerte junto a mi con la misma ternura y entrega que tu me llamaste a la banca, para hacerme comprender que aùn tenìamos que recorrer el camino juntos.

Reservé para tí mi mejor impresión y el momento justo que estuviste conmigo en esta espacio y en este instante.

Obligaciones de pareja

– ¿Qué hiciste de almuerzo? Ernesto llegaba tarde, como era de costumbre los sábados. Las dos de la tarde, se veía algo nervioso y sudado, el rostro enrojecido, cierta malicia en la pregunta.

Emerita salio a recibirlo, intentó darle un abrazo y un beso, que él esquivò y fue a quedar en un gesto al aire. Le puso en la manos la gabacha blanca de uniforme, al mismo tiempo que le daba a guardar los documentos que traía en la mano.

– Hice arroz blanco, carne de puerco tapada, ensalada y fresco de naranja con zanahoria ¿Vas a comer ya? Ella sonreía contenta, finalmente no era tan malo por lo menos había llegado a casa el sábado, aunque sea tarde, pero es preferible a estar sola en fin de semana.

Ernesto no la ve a los ojos para decirle -Fijate que no tengo hambre, operamos a alguien y pasamos de pie toda la mañana, total me pasé del estomago, pero dejame la comida para más tarde, tomaré refresco. Emerita le ve sonrojado, cree que está apenado por rechazar la comida y comienza a juguetearlo, le toca y lo sacude, él la esquiva, intenta darle otro beso y le dice que se calme, está cansado.

– Ernesto ¿seguro no comiste algo fuera? Vení, abrí la boca, voy a revisarte conciensudamente. Emerita sonríe, solo desea seguir jugando y él abré la boca, empieza a contar los dientes en broma, entre una muela y otra ha quedado un poco de pollo, un colorante y un olvido de chiltoma. Ernesto suda copiosamente, Emerita pregunta: ¿Donde y con quien comiste?

Ernesto se ha ido a la calle, Emerita silenciosamente tiró la comida. Total un fin de semana en ausencia, ahora, atrás o más adelante sería la distancia necesaria para no crear la costumbre del afecto. Acaban de anunciar en la televisión que el nuevo presidente tiene una política de desarrollo agrario, no es que el presidente sea agradable, pero la política  es una oportunidad para que Emerita haga algo que ha deseado hacer siempre, dedicarse a estudiar en fin de semana una ingeniería pendiente.

Ernesto se ha ensimismado, le agrada Emerita para la crianza de sus hijos, pero no la desea como mujer, ella no tiene el encanto de Gracia, ella se arregla para el fin de semana, su ropa ajustada, sus curvas bonitas, sus hermosas nalgas y ese deseo de toda hora, en los pasillos, en los cubículos, en la casa a la hora del almuerzo. Es una mujer inagotable, sexualmente deseable y de buen humor todo el tiempo. A veces quisiera llegar a casa y no encontrar a Emerita, pero si no la encuentra no hay orden, ella ordena, cuida y pone reglas, la vida de la familia sería un desastre si Emerita decidiera irse, por eso que a veces deba llegar más temprano para cumplir con sus deberes de esposo, aunque ella es fría, nunca se sabe si alcanza un orgasmo.

Emerita intenta cumplir con sus deberes, pero cada día es más dificil, trabajar, cuidar hijos, estudiar, reunirse, ocuparse de la familia grande suya y la de Ernesto, es todo agotador, piensa que es un vicio sobrecargarse de tantas responsabilidades sin sentido, pero es la ùnica manera de olvidar lo infeliz que se siente, cada momento que debe cumplir con sus obligaciones de esposa.

“!mami…!

Amado Chaucito:

Sigues siendo el más amado y recordado durante las noches, no porque sea humana es la justificación para desdecir que amo tu sonrisa, tus camanances como baches de la vida donde siempre tropiezo y amo esa forma tan noble con la que expresas tus sentimientos.

Besarte y recorrerte palmo a palmo no sería suficiente para unirme a ti en una intensa noche de luna o sin luna, necesitaría muchas noches y muchos días, acariciarte y besarte sin limites, emborracharme de sentimiento y perderme en tu mirada, naufragar en tu sonrisa, enloquecer en tu  enojo, nada es suficiente en este eterno suspirar cuando te veo y se que me estás sintiendo.

Mi sentimiento es el mismo, a veces más intenso, a veces es más tierno, a veces lleno de paciencia y solo a algunas veces celoso. Pero es algo inevitable, algo que solamente sucede y pues que vaina, tendràs que amarme con esa minucia de defecto.

Amado Chaucito, ya sabes, idas, venidas, cosas necesarias, pero estás todo el tiempo conmigo y eso es lo que nos hace uno, ayer, hoy y mañana.

Te amo como para todos los días Chaucito, como para verte despertar y esperar a que te duermas… como para soportar que un día tú me digas “mami”… y no suene bien en mi oído, pero si es desde el corazón… eso pues, te amo mucho.

Recuerdo a Rondi

¿Rondi?-No recuerdo a Rondi-. ¿Deseas tomar algo mientras llega tu esposa?

Claro que recuerdo a Rondi, su melena crespa y rubia, su cuerpo delgado, musculos bien formados, sus pantalones ajustados y su manìa de estar todo el tiempo en casa. Era un gran chico el Rondi, amable, cariñoso y no perdìa oportunidad de ayudar en casa. Hasta que un día se ausentó por un tiempo, fue cuando su madre murió en un accidente, entonces tú lo habías encontrado en la cama con Crespi, empezaste a acosarlos, no olvido tu mirada hurgando sobre mis piernas, resbalando sobre mis pechos, tocando a tu esposa mientras sobre su hombro guiñabas tus ojos hacia mi cuerpo.

Vaya lambriscon que eras, no perdías oportunidad de rozarme cada vez que por alguna razón nos encontrabamos en la cocina, hasta esa noche que Crespi me pidió que te sedujera, no quería que en su trabajo conocieran de sus amores con Rondi. A Rondi no le hubiera importado que todos lo supieran, pero a Crespi lo hubiesen despedido en el trabajo. A ti no se te ha de olvidar el beso en la entrepierna, bajaste apuradamente tu cremallera, contigo algo rápido y mientras yo apurada por la presencia de tu engreída esposa.

Si recuerdo a Randi, le dio los mejores momentos de su vida a Crespi, un dia se embriagò y voló en su automovil sobre un acantalido rumbo al mar, no soportaba la idea que Crespi siguiera casado conmigo y nunca pudiera estar con él, como lo habían soñado juntos.