En la ventanita de Guille

 

La niña cumpliría 13 años en pocos meses, sueños, premoniciones le hacían entender que no estarían juntos para entonces. Le compró un ángel de porcelana para que la cuidara, una falda pequeña y una blusa color rosa, había soñado con verla a sus quince. Los ùltimos días los pasaban junto al mar, intentaba enseñarle a flotar, aunque ella lo hacìa mucho mejor, él creìa enseñarle.

Venìan de ver el atardecer, las lanchas aparcando en el puerto, la marea había subido, ella caminaba atrás jugando con los perros, eran momentos de libertad que a veces parecían borrar las tragedias.

Él observó la camioneta de la policía, se revisò los pantalones y solo tenía la dosis de la noche; pero, ellos se aparcaron en la casa de la cuñada, ahì estaba una mochila con la venta de la droga, empezó a correr y dijo a la niña que lo siguiera, que le ayudara, ella asustada comenzò a correr tras de èl, la policìa intento detenerlo. Apenas entro a la casa tomò la mochila y la lanzò en el aire para que la niña la tomara y saliera corriendo, todo fue en vano, la policìa alcanzò en el aire la mochila y la niña con las manos vacìas, observò entre lágrimas como lo arrastraban por toda la cuadra, le pegaban y lo amarraban de pies y manos para llevarlo preso.

Ella fue donde la tìa, -Tìa deciles la verdad, que es tuya. La tía no dijo nada, llego la policìa y tambièn fue presa.

– Pili, de todos modos iba a morir pronto, ella solo intentaba sobrevivir, era un tiempo de poco trabajo, en los puertos sino eres prostituta vendes droga, no hay carga para la gente en todos los tiempos, cuando llegan los barcos hay vida y cuando no se sobrevive como es posible. Las mujeres se prostituyen desde muy pequeñas y las que no ayudan a los hombres vendiendo droga, otros migran y asì, es una vida perra.

– A mi ella no me importaba nada, en realidad solo me preocupaba la niña y lo que hiciste, fue demasiada responsabilidad hacerla creer que podìa ayudarte en algo.

– No pensé en eso, nunca pensé en culpas, vergüenzas o penas, nosotros ayudamos a mi mama en todo, nunca pensamos si era bueno o malo.

– Era distinto Guille, mi mama no nos hubiera metido a un problema de consecuencias mayores, en medio de todo se responsabilizaba de sus actos. Tenés que dejar tranquila a la niña, tiene pesadillas con esa tarde, era su despertar a los trece y lloró sola durante mucho tiempo.

– ¿Cómo está ella?

– Mi mama no habla de vos, decidió dejarte ir de su corazón, finalmente entendió que no la querías cerca. Creo que a nuestro modo te quisimos mucho, pero en alguna parte de nuestra infancia te perdimos y no nos dimos cuenta.

Elogio a la palmera

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En alguna época, cuando estaba cansada de escribir con el lápiz, hacia las diez de la noche me levantaba, estiraba las piernas, ponìa la camisa tras el asiento y estiraba mi camiseta verde olivo. Tambièn, soltaba los cordones de las botas de cuero y abría las paletas de la ventana que estaba a mi espalda. Observaba a aquel a muchacho de mal humor permanente, creìa entonces que él llevaba una pena profunda, su voz ronca me insultaba apenas entraba el aire a mi encierro prolongado, perdía la noción del tiempo, entonces no llevaba cuenta de los minutos o los segundos, a lo mejor instuìa su entrada de borracho y esquivo vecino, pero en todo caso algo habìa en su presencia que durante muchos años fue una sombra amigable que no emitía palabras, solo señales de fiera atrapada e irremediablemente necesitada de afecto.

Las ventanas en las partes traseras de cualquier parte eran mis aliadas, buscar ese pequeño espacio abierto donde nadie veía la señal de libertad, él tenía abiertas sus ventanas aunque no estuviera presente, gritaba durante las mañanas para callar repentinamente durante las noches.

No creo que aquella ventana hubiera devuelto mi libertad, era la esperanza de no estar completamente sola a las diez de la noche, no importaba si a las once ya se había ido, era para escuchar su insulto y sonreirle. Quisa después de veinte años escuché lo que alguna  vez quiso decirme: “nadie me ve tan tierno como vos desde los veinte”.

Es la eternidad de un vecino tan bello y simpático, tras una ventana, como una fiera atrapada en el recuerdo de una herida mortal de su infancia. Cuando escuché lo más cercano a un reconocimiento, entendí de sus penas reeditadas cada noche y a lo mejor él pensaba lo mismo, éramos dos fieras reconociéndonos tras los barrotes de la ideología, estancados con la trampa y queriendo encontrar el camino de salida en aquel laberinto.

Hoy busqué la ventana en la parte trasera de la habitación, mientras en la TV los barrotes de la ideología hablan de un sujeto atrapado en su soberbia, otros tantos atrapados en el discurso de su ignorancia, también aquellos que gritan en favor de sus privilegios y hurdedumbres.

Solo habían paredes de concreto, ventanas abiertas con siluetas ausentes, silencio de hormigón y paisajes de manos esclavas, una pequeña palmera devolvió la esperanza a mi lente. Recordé aquel joven herido de una pena mortal que la soberbia hizo a su infancia, no pude evitar sonreirle a la pequeña palmera sin memoria de su mal nacimiento en una macetera para adornar un balcón de concreto, hice un elogio a su inocencia, tomé la foto y cerré el capítulo de las falsas ideologías que te subordinan, dejando tu vida pendiente de un pequeño hueco en la espalda.

Acuerdos de pareja

– Hola mi doctora ¿Cómo le va?. Duarte baja del automovil, abre la puerta del acompañante para que ella se acomode y vaya más tranquila.

Ambos se ven como amigos, él está joven, su esposa lo abandonó con dos niñas pequeñas, la vida por ahí va, entre la crisis económica y la crianza de dos bellezas morenas que lo idolotran.

– ¿Cuénteme como anda el amor de su vida?

– Ah mi doc, ella está ahí que no se decide, pero ya es un avance despues de cinco años decidió hablar con su esposo y contarle lo nuestro, él me llamó para reclamarme y que al mismo tiempo le contara todos los detalles de la relación.

Kat observa a Duarte, sobre el marco de los lentes, está pensando que es necesario buscar un par de lentes que no la obliguen a estar cambiando de posición visual. El comentario la asustó:

– Oiga, menos mal que no llegó a su casa a hacerle algo, eso es peligroso, creí que la chica estaba separada del sujeto.

– No doc, ellos viven en la misma casa, conviven en la misma cama y es como un matrimonio normal, a no ser porque él le pega.

Kat, está incomoda, el asiento no es tan cómodo, ha recordado que dejó en casa los audifonos, no será posible escuchar las entrevistas de las mujeres antes de abandonar el campo. Le agrada ese rostro de niño abandonado de Duarte, parece que estuviera huérfano, realmente es muy reciente la muerte de su madre, luego el abandono y ahora este amor tan traumático con una chica comprometida, cada mes promete abandonar el esposo y cada mes le pone más restricciones a Duarte.

– Duarte, disculpe la pregunta ¿Usted ayuda económicamente al amor de su vida?

– Soy responsable Doc, le paso algo cada mes. A veces me cuesta ajustar, pero es mi obligación como hombre.

– Usted se pasa, no tiene obligación de nada. Duarte usted me preocupa, ¿No ha pensado que ese hombre ebrio le pega a ella y a usted lo puede meter a problemas? No está en condiciones de sacarla de ahí, porque ella no desea salir de ahí. !Hombre despierte!

– La amo doc, no es tan fácil. Ha sido el amor de mi vida durante cinco años, yo siento que solo puedo estar con ella.

– Eso es porque no ha visto que el mundo está lleno de mujeres lindas, disponibles y dispuestas a acompañarle en sus planes ¿El amor de su vida comparte sus planes?

– No doc, ella hace planes pero no me incluye, dice que más adelante cuando se sienta segura.

– Gracias Duarte, si regreso tarde de la montaña, busque algo de comer para nosotros y la niña, mire que se nos durmió todo el camino la pobrecita.

Obligaciones de pareja

– ¿Qué hiciste de almuerzo? Ernesto llegaba tarde, como era de costumbre los sábados. Las dos de la tarde, se veía algo nervioso y sudado, el rostro enrojecido, cierta malicia en la pregunta.

Emerita salio a recibirlo, intentó darle un abrazo y un beso, que él esquivò y fue a quedar en un gesto al aire. Le puso en la manos la gabacha blanca de uniforme, al mismo tiempo que le daba a guardar los documentos que traía en la mano.

– Hice arroz blanco, carne de puerco tapada, ensalada y fresco de naranja con zanahoria ¿Vas a comer ya? Ella sonreía contenta, finalmente no era tan malo por lo menos había llegado a casa el sábado, aunque sea tarde, pero es preferible a estar sola en fin de semana.

Ernesto no la ve a los ojos para decirle -Fijate que no tengo hambre, operamos a alguien y pasamos de pie toda la mañana, total me pasé del estomago, pero dejame la comida para más tarde, tomaré refresco. Emerita le ve sonrojado, cree que está apenado por rechazar la comida y comienza a juguetearlo, le toca y lo sacude, él la esquiva, intenta darle otro beso y le dice que se calme, está cansado.

– Ernesto ¿seguro no comiste algo fuera? Vení, abrí la boca, voy a revisarte conciensudamente. Emerita sonríe, solo desea seguir jugando y él abré la boca, empieza a contar los dientes en broma, entre una muela y otra ha quedado un poco de pollo, un colorante y un olvido de chiltoma. Ernesto suda copiosamente, Emerita pregunta: ¿Donde y con quien comiste?

Ernesto se ha ido a la calle, Emerita silenciosamente tiró la comida. Total un fin de semana en ausencia, ahora, atrás o más adelante sería la distancia necesaria para no crear la costumbre del afecto. Acaban de anunciar en la televisión que el nuevo presidente tiene una política de desarrollo agrario, no es que el presidente sea agradable, pero la política  es una oportunidad para que Emerita haga algo que ha deseado hacer siempre, dedicarse a estudiar en fin de semana una ingeniería pendiente.

Ernesto se ha ensimismado, le agrada Emerita para la crianza de sus hijos, pero no la desea como mujer, ella no tiene el encanto de Gracia, ella se arregla para el fin de semana, su ropa ajustada, sus curvas bonitas, sus hermosas nalgas y ese deseo de toda hora, en los pasillos, en los cubículos, en la casa a la hora del almuerzo. Es una mujer inagotable, sexualmente deseable y de buen humor todo el tiempo. A veces quisiera llegar a casa y no encontrar a Emerita, pero si no la encuentra no hay orden, ella ordena, cuida y pone reglas, la vida de la familia sería un desastre si Emerita decidiera irse, por eso que a veces deba llegar más temprano para cumplir con sus deberes de esposo, aunque ella es fría, nunca se sabe si alcanza un orgasmo.

Emerita intenta cumplir con sus deberes, pero cada día es más dificil, trabajar, cuidar hijos, estudiar, reunirse, ocuparse de la familia grande suya y la de Ernesto, es todo agotador, piensa que es un vicio sobrecargarse de tantas responsabilidades sin sentido, pero es la ùnica manera de olvidar lo infeliz que se siente, cada momento que debe cumplir con sus obligaciones de esposa.

Recuerdo a Rondi

¿Rondi?-No recuerdo a Rondi-. ¿Deseas tomar algo mientras llega tu esposa?

Claro que recuerdo a Rondi, su melena crespa y rubia, su cuerpo delgado, musculos bien formados, sus pantalones ajustados y su manìa de estar todo el tiempo en casa. Era un gran chico el Rondi, amable, cariñoso y no perdìa oportunidad de ayudar en casa. Hasta que un día se ausentó por un tiempo, fue cuando su madre murió en un accidente, entonces tú lo habías encontrado en la cama con Crespi, empezaste a acosarlos, no olvido tu mirada hurgando sobre mis piernas, resbalando sobre mis pechos, tocando a tu esposa mientras sobre su hombro guiñabas tus ojos hacia mi cuerpo.

Vaya lambriscon que eras, no perdías oportunidad de rozarme cada vez que por alguna razón nos encontrabamos en la cocina, hasta esa noche que Crespi me pidió que te sedujera, no quería que en su trabajo conocieran de sus amores con Rondi. A Rondi no le hubiera importado que todos lo supieran, pero a Crespi lo hubiesen despedido en el trabajo. A ti no se te ha de olvidar el beso en la entrepierna, bajaste apuradamente tu cremallera, contigo algo rápido y mientras yo apurada por la presencia de tu engreída esposa.

Si recuerdo a Randi, le dio los mejores momentos de su vida a Crespi, un dia se embriagò y voló en su automovil sobre un acantalido rumbo al mar, no soportaba la idea que Crespi siguiera casado conmigo y nunca pudiera estar con él, como lo habían soñado juntos.

 

En el diario de Laurens, día de ponerse guapa

 

¿Recuerdan a Wily? Por lo general olvido a Willy, en estos días todo ha sido intenso, rapido y ocupado, el internet va y viene, no puedo leer mucho.

En algunos minutos iré a buscar un labial, necesito algo más a tono con el color de mis labios, algo con lo que me sienta cómoda sin llamar la atención. Tengo deseos de usar una falda, una blusa femenina y unos zapatos femeninos, pero no tengo un labial decente. Por eso recordé a Willy, él tenìa deseos de verme femenina y yo nunca tuve deseos de estar femenina en su presencia, tontamente creía que él era capaz de ver mi alma femenina. No entendì que algunas personas solo pueden ver con sus ojos exteriores y lo que siente una mujer pasa desapercibido, porque probablemente es diferente cuando la ves con sus cosas femeninas.

El dìa que use un vestido femenino para Willy, fue algo que escogí como para un culto religioso, entonces él se enojo, pero cuando una mujer no tiene deseos de vestirse femenina o agradable, no hay fuerza superior que la haga ponerse femenina. Willy se mostró antipático, furioso y ordinario, desde ahì que comenzò a decir improperios, creía que era su mal momento, que a lo mejor discutiò temprano con su esposa, no imaginé que quería presentarme gente, pero eso es injusto que te presenten personas que no deseas conocer y encima que te juzgan por como te vistes.

No volví a usar el vestido, lo tiré al día siguiente, en realidad estaba feìto de color, de estilo, los zapatos era un par de zapatos que nadie compraría en sus cinco sentidos y encima me puse una pintura roja intenso, que nada que ver con el vestido y el color de mi piel. Eso pasa, dile a tu novia “te quiero ver bonita y femenina” y probablemente los resultados no sean los mejores. Desde entonces, no he deseado sentirme femenina, ni presentable, las personas no deben juzgar a nadie por su ropa y nadie puede obligarnos a vestirnos de forma ajena a nuestra comodidad.

Willy es una época lejana, a veces lo recuerdo como el ejemplo de todas las cosas que estuvieron mal y no desearía volver a vivir, me gustaría olvidar que alguna vez compré un vestido para enojar a alguien, ponerme un rojo-carmín intenso oscuro que en otras condiciones no hubiera usado. Pero Willy me amaba mucho, decìa que yo era su cajetita y yo le decía Willy “el rey”, a él le gustaba ser un rey, no tuve intenciones de retornar a la época feudal, por eso estaba bien lo de cajetita, es mejor ser cajetita en tu tierra que la reina de un feudo que no existe.

 

Paisaje subreal

Nereida caminaba hacia el lugar acordado, la banca en la vereda frente al mar, más al fondo aquellos edificios grises construidos en otra dimensión, ella cree que en algún momento van a desaparecer, son siluetas grisis, claro ahí están, solo es que la niebla se ha constituido en un umbral que hace dudar de su existencia. Mañana con el sol serán celestes intensos, con nubes blancas bien definidas en su entorno y un monton de yates coloridos, mañana será diferente.

La banca, la espera, él llegará, no sabe que dirá en aquel primer encuentro, ha perdido tanto brillo en su interior, que aquella persona se le parece a esos edificios grises, los umbrales del recuerdo o del olvido, hacen creer que llegará y desaparecerá pronto. No hay sol, pero a lo mejor el sol esté en su rostro, ya hace tanto tiempo que ahora espera a un desconocido, a un desconocido que fue amado y soñado, ahora un desconocido que le despierta angustia, ansiedad y deseos de no ir a la banca. La hizo esperar muchas veces en esas banca ¿quién asegura que llegará a esta banca?

Nereida disfruta el paisaje, es verdaderamente hermoso, esas siluetas de blanco y negro, parece un dibujo al carbon, no imaginaba que los paisajes pueden parecer dibujos al carbon, los turistas pasan y dicen adiós, no es como en otras partes del mundo, donde ellos pasan e ignoran a todos, aquí te saludan e intercambian palabras, la gente no lleva perros de la mano, llevan a sus hijos, esposas jovenes o ancianas.

Europa Prometida: Crisis y redifiniciòn de la identidad literaria y cultural europea, es el último libro que le llegó a casa en el correo, lee con interés el movimiento subrealista, nada del otro mundo. Esos edificios son subreales en este momento, aquel sentimiento también fue subreal, parecía tan real a sus deseos. Piensa con alguna tristeza, que algunos sentimientos subreales no deberían dejar de existir, cuando se alejan duelen igual que como si fuera reales, en estas cosas de vida interna todo parece ser tan real.

Finalmente, como siempre no llegó, él nunca tendrá valor de llegar a ninguna parte, Nereida lo sabe, espera por costumbre más que por confianza. Por eso siempre lleva el libro, es frecuente que encuentre la solución a un problema objetivo que intentaba resolver antes de sentarse en la banca.